Reportaje especial para EDLP
— Cuando recordamos nuestras experiencias sexuales, no
siempre recibimos imágenes muy excitantes de los
archivos del pasado. Esta nota te indica cómo lograr
modificar tus frustraciones y liberarte de tus miedo.
“Anhelo trazar un mapa de ruta en todo tu ser, y
viajar por cada puerto de tu alma para darte placer.
Mientras me embarco en el mar abundante de tu cuerpo,
nos deslizamos hasta el destino final al único refugio
donde reside el fuego eterno”.
Cuando recordamos nuestras experiencias sexuales, no
siempre recibimos imágenes muy excitantes de los
archivos del pasado. Esas “postales” nos generan
distintas emociones; desde frustración a impotencia.
Pero, especialmente, nos provocan un profundo temor a
repetir una vivencia sexual que fue poco satisfactoria.
Recientes estudios científicos han descubierto los
“mapas cerebrales”, que se encargan de organizar el
conocimiento adquirido. Mediante estos planos mentales
somos capaces de reemplazar datos no deseados por otros
más placenteros, en forma consciente. Para volver a
sentir placer —sin asociar las nuevas experiencias
sexuales con malos recuerdos— podemos desarrollar
nuestra inteligencia erótica.
¿Cómo se trazan los mapas eróticos? Tal como
funcionan estos organizadores cerebrales, también
podemos trazar “mapas sexuales”: nuevas rutas de placer
directamente conectadas con los detectores sensitivos
que usamos en el acto sexual. El objetivo es modificar
la información negativa y delinear mapas eróticos
nuevos. Hay muchas formas de realizarlos, pero la más
simple es combinar la visualización, la lógica y la
memoria emocional.
Hombres y mujeres poseen diferentes zonas eróticas.
Para encontrarlas y ordenarlas con los sentimientos que
provocan, sugerimos practicar el siguiente ejercicio:
Elegir una foto de nosotros mismos de cuerpo
entero.
Sacarle una fotocopia (agrandarla en el caso que
sea pequeña) y luego pegarla sobre un papel blanco.
Señalar cada lugar del cuerpo que nos provoque
alguna sensación, positiva o negativa. Usar distintos
colores con algún criterio personal.
Luego de marcar las zonas, escribir un
sentimiento según el placer o displacer que nos
provoquen. Cuando señalen una parte del cuerpo, háganlo
con una flecha o un cartel, como se utiliza en los mapas
de ruta, escribiendo el sentimiento que provoca la
estimulación de ese lugar. Por ejemplo: “deleite y
pasión”.
En el cuerpo de las mujeres, la zona más sensible son
los senos. Más exactamente los pezones, que son los
primeros en reaccionar ante el estímulo sexual. Otras
zonas erógenas femeninas de importancia son el monte de
Venus, la entrada a la vagina, la región anal y el
clítoris (el órgano de placer por excelencia).
En el cuerpo del hombre, las zonas erógenas están
localizadas en la pelvis, pero también sienten placer en
otras áreas, como la boca o el cuello. Lo importante es
trabajar los mapas en forma consciente y comprobar el
cambio en la práctica del acto sexual.
En el futuro podemos volver a chequear nuestro
mapa erótico para agregarle nuevas asociaciones de zonas
corporales con sensaciones.
Visualizar y asociar las zonas erógenas con
sentimientos concretos (y ponerlos en palabras), produce
un cambio consciente en la memoria.
La autora es terapeuta y profesora de meditación y
alquimia. Para más consejos puede visitar
www.mabeliam.com.